Respirar, aunque sea por un momento
Miguel desde la distancia, desde su prolongado exilio me envió hace algunos días una fotografía tenue que no he vuelto a revisar. Podría recordar de ella unas cosas para empezar la historia. Pero antes me gustaría detenerme por unos instantes.
Les contextualizo: ambos nos enviamos una fotografía con el propósito de escribir una historia. Sin límite de caracteres, en un tiempo estimado de dos semanas. Estoy un poco retrasada (esta debe ser la cuarta si no me equivoco). No he sabido gestionar mis preocupaciones, angustias y estrés de estos momentos. Sin embargo, hoy me di cuenta que ni siquiera mis propias responsabilidades me encuentro priorizando. Así que, aquí vamos...
ABRIL DE 2019
Una tarde tormentosa se aproxima, o por lo menos es lo que anunciaron en los pronósticos del tiempo. Este lugar tiene un aire extraño, se me hace desconocido cada espacio, cada sonido.
Cúmulo de puras sensaciones nuevas, creo no saber ni lo que siento. La distancia recorrida no me ha parecido en lo absoluto abrumadora, solo puedo pensar en lo que no debo, en lo que no será predecible. Tengo esa mala costumbre de lanzar los dardos sin dirección, sin miedo calculable de poder herir a alguien que va por ese transitorio paso...
Estoy sentada, apoyándome sobre las paredes de un antiguo ayuntamiento. Quisiera escribir, se me ocurre cualquier tipo de idea poco trascendental, pero mi mente en estos instantes no me permite materializarla.
El paisaje abunda y se abruma constantemente ante la "fauna" presente en la plaza, y sobre ella, no me refiero precisamente a las palomas.
Debo pensar en lo que no debo, en lo que debería de ser. Suena ese bullón autobús y por primera vez en el día, veo la hora que marca el reloj...
(Este es mi paréntesis, para respirar)
Ya ni recuerdo aquel instante preciso en el que confluimos, no sé si fue un saludo, un comentario o una simple imagen de retorno. Lo único que sé, que recuerdo de aquellos pensamientos de adolescente... Es que a pesar de los cientos de viajes, estudios, horas de tatuaje o de intensidad, la vida nos posiciona nuevamente, para reafirmarnos que estamos bien.
Y estaremos bien. A Miguel podría confiarle muchas aún sin conocerle físicamente. Se ha ganado mi respeto, cariño y admiración con el pasar de los años. El nunca lo ha -sabido- (ahora sí) pero el día en el que dejamos de tratarnos formalmente -al estilo de usted- fue uno de los momentos (por lo menos para mí), más significativos de nuestra amistad.
Esta en sí no es la historia que pienso trasladar a la computadora para que sea vista por un par de personas, pero de lo que si estoy segura es que, más pronto que tarde, el y yo podremos abrazarnos para criticar una vez más al comunismo.
..................................................................................................................................
Es hora de regresar, no de vuelta a los mismos lugares, lamentablemente. Difícilmente apreciamos los momentos de álgidos sonidos en casa (incluyendo las discusiones). Sé que este es un espacio momentáneo, no estaré por aquí por más tiempo del que mi alma me permita, debo volver a aquellos lugares donde aprecié cada instante de la vida. Mientras tanto, solo exploro, bebo un poco de cerveza y me extraño nuevamente, por los distintos rumbos...
Les contextualizo: ambos nos enviamos una fotografía con el propósito de escribir una historia. Sin límite de caracteres, en un tiempo estimado de dos semanas. Estoy un poco retrasada (esta debe ser la cuarta si no me equivoco). No he sabido gestionar mis preocupaciones, angustias y estrés de estos momentos. Sin embargo, hoy me di cuenta que ni siquiera mis propias responsabilidades me encuentro priorizando. Así que, aquí vamos...
ABRIL DE 2019
Una tarde tormentosa se aproxima, o por lo menos es lo que anunciaron en los pronósticos del tiempo. Este lugar tiene un aire extraño, se me hace desconocido cada espacio, cada sonido.
Cúmulo de puras sensaciones nuevas, creo no saber ni lo que siento. La distancia recorrida no me ha parecido en lo absoluto abrumadora, solo puedo pensar en lo que no debo, en lo que no será predecible. Tengo esa mala costumbre de lanzar los dardos sin dirección, sin miedo calculable de poder herir a alguien que va por ese transitorio paso...
Estoy sentada, apoyándome sobre las paredes de un antiguo ayuntamiento. Quisiera escribir, se me ocurre cualquier tipo de idea poco trascendental, pero mi mente en estos instantes no me permite materializarla.
El paisaje abunda y se abruma constantemente ante la "fauna" presente en la plaza, y sobre ella, no me refiero precisamente a las palomas.
Debo pensar en lo que no debo, en lo que debería de ser. Suena ese bullón autobús y por primera vez en el día, veo la hora que marca el reloj...
(Este es mi paréntesis, para respirar)
Ya ni recuerdo aquel instante preciso en el que confluimos, no sé si fue un saludo, un comentario o una simple imagen de retorno. Lo único que sé, que recuerdo de aquellos pensamientos de adolescente... Es que a pesar de los cientos de viajes, estudios, horas de tatuaje o de intensidad, la vida nos posiciona nuevamente, para reafirmarnos que estamos bien.
Y estaremos bien. A Miguel podría confiarle muchas aún sin conocerle físicamente. Se ha ganado mi respeto, cariño y admiración con el pasar de los años. El nunca lo ha -sabido- (ahora sí) pero el día en el que dejamos de tratarnos formalmente -al estilo de usted- fue uno de los momentos (por lo menos para mí), más significativos de nuestra amistad.
Esta en sí no es la historia que pienso trasladar a la computadora para que sea vista por un par de personas, pero de lo que si estoy segura es que, más pronto que tarde, el y yo podremos abrazarnos para criticar una vez más al comunismo.
..................................................................................................................................
Es hora de regresar, no de vuelta a los mismos lugares, lamentablemente. Difícilmente apreciamos los momentos de álgidos sonidos en casa (incluyendo las discusiones). Sé que este es un espacio momentáneo, no estaré por aquí por más tiempo del que mi alma me permita, debo volver a aquellos lugares donde aprecié cada instante de la vida. Mientras tanto, solo exploro, bebo un poco de cerveza y me extraño nuevamente, por los distintos rumbos...