La ruta
Como de costumbre lo que ya es costumbre, una nueva responsabilidad se ha cruzado en mi camino, he tenido la oportunidad de partir sola todos los días por la mañana.. Al principio me encuentro a un vagabundo gordo y me cuestiono el porqué lo es si es un indigente, más abajo en la cuadra siguiente veo a una madre con su hija esperar el autobús siempre a la misma hora, me doy cuenta que he salido tarde de la casa es cuando no las veo de pie cerca de la acera con los brazos cruzados; más adelante me encuentro con Zhing la china de séptimo grado de mi colegio a veces pienso que es demasiado flaca para ser cierto, la comparo todo el tiempo con un fideo. Y allí está el señor todas las mañanas sentado haciendo nada esperando que abran el estacionamiento para comenzar sus horas de trabajo, la parada desolada y del otro lado de la calle está el metro y una cola infernal. La señora del periódico me sonríe y le doy los buenos días.. Maldigo cuando se acaban los periódicos porque ya no hallo que hacer en el camino.. En estos meses aprendí a leer en movimiento, toda una puta odisea. Y mis amigos los obreros me dan los buenos días, la mayoría me llaman princesa, mi vida, belleza o algo por el estilo, pero sólo algunos dicen los buenos días como personas normales y no como animales.. A esos si les doy los buenos días. La embajada portuguesa está llena de personas todo el tiempo, me da la impresión de que todos trabajan en panaderías porque sus caras de desesperación por la cola que hacen es insólita. Ya estoy llegando y varios obreros me adelantan ansiosos de trabajar, o de hablar con sus compañeros.. Un no sé que pero a pesar de ser obreros, sé que son honrados haciendo lo que hacen, porque hasta el momento nadie me ha violado. El peor momento de la mañana es cuando paso por la última calle, el olor putrefacto del pollo podrido que le dejan a los 5 gatos de esa cuadra es insoportable, y a pesar de tener sinusitis el olor me llega y mierda que de verdad me llega. Y Pedro Luis me saluda, me habla de Dios y me desea un buen día, cada vez que me despido me pregunto como es que ese anciano sigue vivo.. Quizás es porque tiene que seguir cuidando la iglesia, o ayudando a estacionar a los carros, quien sabe. Me quito los audífonos y nuevamente suena el timbre que anuncia la llegada de un nuevo día en el Colegio.