El comienzo
El comienzo de todo se originó una tarde de verano del 2009, en la pequeña mente de una niña que intentaba imaginar su vida con un rumbo distinto por unos instantes.
Tener 13 es complicado, pero honestamente esa sensación de pre-adolescencia se convierte en una especie de desafío cuando escuchas por el balcón de casa que tu padre se encuentra apostando fuertemente con la muerte.
El sonido ensordecedor, los zumbidos por segundos prolongados, ese pitido, la sensación de que ese preciso instante dura por meses es incontrolable... Como muchas cosas en vida.
Los 17 días en terapia intensiva fueron atípicos, no sabía que era posible soñar lo mismo por tantos días consecutivos. Nadie parece entender lo que transita por tu mente en esos momentos, son como olas de calor y frío en continuidad, poco tiempo te queda para exteriorizar.
Si, se salvó. Esas vacaciones me di cuenta de la fortaleza titánica de mamá, toda mi infancia había tenido una percepción errónea de ella misma, jamás imaginé que una persona de 61 kilogramos podría movilizar a una -de unos casi 95- sin ningún tipo de queja.
No hay edad para que las circunstancias te hagan comenzar desde el inicio y, así fue. Papá estuvo un tiempo en silla de ruedas, tuvo que volver a aprender a caminar y estuvo otros dos restantes en muletas. Para mi, desde aquel momento no hay límite ni obstáculo que no pueda enfrentarse.
A veces, las cosas no suceden como supondrías que deberían, usualmente es una falsa esperanza de la mente. O por lo menos, eso pensé por un tiempo. Los sucesos de aquel año elocuentemente cambiaron la forma en la que mi familia percibía la vida, pero nos unieron como nunca.
Parece paradójico que subestimemos las pequeñas cosas. Los pequeños mundos que convergen dentro de nosotros mismos. Aquel accidente de tránsito marcó un antes y un después, un respeto hacia la vía, hacia los instantes más insignificantes.
Todo comenzó en aquella tarde de verano en la que me di cuenta que si tenía sentido escribir historias con analogías por el miedo a asumir la responsabilidad de una autoría con sincera autonomía. Y aquí estamos, unos cuantos años después explicándolo.
Tener 13 es complicado, pero honestamente esa sensación de pre-adolescencia se convierte en una especie de desafío cuando escuchas por el balcón de casa que tu padre se encuentra apostando fuertemente con la muerte.
El sonido ensordecedor, los zumbidos por segundos prolongados, ese pitido, la sensación de que ese preciso instante dura por meses es incontrolable... Como muchas cosas en vida.
Los 17 días en terapia intensiva fueron atípicos, no sabía que era posible soñar lo mismo por tantos días consecutivos. Nadie parece entender lo que transita por tu mente en esos momentos, son como olas de calor y frío en continuidad, poco tiempo te queda para exteriorizar.
Si, se salvó. Esas vacaciones me di cuenta de la fortaleza titánica de mamá, toda mi infancia había tenido una percepción errónea de ella misma, jamás imaginé que una persona de 61 kilogramos podría movilizar a una -de unos casi 95- sin ningún tipo de queja.
No hay edad para que las circunstancias te hagan comenzar desde el inicio y, así fue. Papá estuvo un tiempo en silla de ruedas, tuvo que volver a aprender a caminar y estuvo otros dos restantes en muletas. Para mi, desde aquel momento no hay límite ni obstáculo que no pueda enfrentarse.
A veces, las cosas no suceden como supondrías que deberían, usualmente es una falsa esperanza de la mente. O por lo menos, eso pensé por un tiempo. Los sucesos de aquel año elocuentemente cambiaron la forma en la que mi familia percibía la vida, pero nos unieron como nunca.
Parece paradójico que subestimemos las pequeñas cosas. Los pequeños mundos que convergen dentro de nosotros mismos. Aquel accidente de tránsito marcó un antes y un después, un respeto hacia la vía, hacia los instantes más insignificantes.
Todo comenzó en aquella tarde de verano en la que me di cuenta que si tenía sentido escribir historias con analogías por el miedo a asumir la responsabilidad de una autoría con sincera autonomía. Y aquí estamos, unos cuantos años después explicándolo.
AMP