#Carretera
Particularidades de un viaje:
Podría invertir meses viajando en carreteras, descubriendo nuevos caminos, conociendo particulares comidas o licores, podría tostar sin arrepentimiento la tez de mis brazos moviéndose al son del aire con movimientos de arriba hacia abajo a través de la ventana, captando cada destello solar...
Sin duda alguna, el insomnio me absorbería después de una primavera fría, o después de una vía transitada por más de 12 horas. Jamás me perdonaría cerrar los ojos ante aquellos acontecimientos, ante el pasto verde y húmedo, ante el movimiento de las nubes o ante el olor de aquella pequeña humedad desde tempranas horas.
¿Son muchas las ambiciones en la juventud por querer vivir momentos?
Podría observar amaneceres lluviosos o atardeceres en tonos ladrillos sin esperar nada a cambio. Hasta este punto, sería incapaz de pedir un reemplazo a una luna nueva u observar -cómo se mueve a lo largo del camino-.
Los años definitivamente no pasan en vano. Hoy, más que ayer, se revaloriza un mañana. Cada viaje tiene un punto álgido, cada viaje es distinto, algunas veces deseamos volver y otras tantas veces cerramos con llave las puertas, teniendo aquella extraña certeza -casi espiritual- de que no volveremos.
Podría recordar las paradas, las personas, las canciones de la ruta, pero por fuera de aquella ambición cuestionable unas cuantas líneas más arriba... Retorna nuevamente la incertidumbre del no saber si el recuerdo estará mañana o si después del momento existencial habrá otro lugar para aquellas huellas.
Sería capaz de hacer muchos viajes en tan solo un viaje por carretera. Mientras tanto, seguiré contando cortas historias sentidas...