El ciego
¿El silencio ensordecedor que se pronuncia en los pensares posee algún tipo de límite? ¿O es que las palabras son una justificación compensatoria a sentimientos que poco pueden expresarse?
(...) Me levanté como cualquier otro día rutinario donde reconozco (en muchas ocasiones) que las cosas que vendrán durante las siguientes 24 horas no serán lo suficientemente significativas. Siempre me predispongo ante todo, eso me hace ser una persona que se decepciona rápido (en especial de las personas).
Mi rumbo continuó hacia la estación más cercana. Suelo llevar un libro corto conmigo, es un pequeño mecanismo de defensa para acortar los tiempos, últimamente me he quedado en las mismas páginas porque prefiero observar rostros -ser cuasi licenciada de Sociología al final de cuentas no ha sido del todo en vano-. Hoy más que nunca he retratado en mis memorias: miseria y desesperanza, incertidumbre e ira, suspiros e inclusive en algunas ocasiones (incluyéndome) llanto.
Me predispuse aquella mañana pensando que las siguientes horas no serían lo suficientemente significativas. ¡Qué manera de querer tener todo bajo control! No hay control. En este país no puede existir ni la mínima noción de estructura, porque si no es el Gobierno, son las infraestructuras y si no es eso, es la misma gente... que te hace replantearte nuevamente ¿Es que esto vale la pena?
Para quienes me conocen saben que me gusta hablar con la gente (pregunto mucho porque agradezco lo que se obtiene a cambio de una duda). Siempre trato de escuchar, -sé que algunas veces puedo ser insoportable cuando no practico esa modalidad- pero definitivamente, siempre he considerado que aquel interactuar con el otro -con el que no se nos asemeja- nos hace más humanos y más conscientes de las carencias o privilegios que tenemos.
Al regresar a casa me topé con un ciego. Lo observé cruzando la calle. En mis 22 años de edad jamás me había preguntado cómo ellos sabían cuándo hacerlo. ¿Cómo distinguir si es que no hay carros en la avenida o es que el semáforo se encuentra en rojo? Avanzábamos por la misma acera y mi curiosidad poco a poco me estaba carcomiendo y no pude evitar preguntarle, dentro de sus lógicas me contestó...
- Avanzo cuando observo que las luces en movimiento se detienen.
- ¡Pero si aún es de día!
- Estoy ciego, pero puedo percibir ese detalle.
- Vas por el medio de la calle, vente que yo estoy por la acera (el se agarró de mi brazo)...
- Esta realidad es un poco extraña, empiezas a construir mapas mentales en tu cerebro e imaginas cosas que quizá para algunos serían inexistentes. Toda mi vida he sido así. No reconozco otro mundo, pero no me siento desafortunado. Soy un tipo independiente (excepto cuando me dejan varado en un lugar que no tengo guardado dentro de mi mapa) y puedo asegurarte que puedo ser más capaz que muchos.
- Haz tenido que vivir con ese estigma durante toda tu vida. Eso te ha hecho fuerte...
La conversación continuó en buenos deseos, al final resultó ser que él trabajaba a una cuadra de la casa (...)
Y el día resultó diferente. Lleno de enseñanzas y de un aterrizaje pleno a que no hay realidades totales o verdades absolutas. No me lo imaginaba. Fue una mejor sensación que el final de un libro corto, más sublime que el retrato de la angustia. Un ciego me dio una cachetada en la cara porque en aquellos minutos jamás le escuché una queja y le vi dispuesto a ir a su trabajo. La queja que nos absorbe y nos aliena...
Después de algunos días...
Una vez en libertad completa, la voz repetida rompía todas las estructuras de mi mundo y abría un ámbito misterioso de inminente peligro indefinible donde resollaba el sagrado terror de la locura. Huía yo entonces y esperaba horas, días o semanas hasta reunir suficiente valor para volver y buscarle un sinónimo a la palabra "agradecer".
AMP