#HistoriasReales: Lo que nunca dije
Hay momentos de la infancia que por más que intente suprimir, no puedo borrarlos.
Recuerdo como si hubiese sido ayer sus manos tocando mis piernas, con poca sutileza, debajo de la mesa para no ser visto por el resto. Por alguna lógica razón pensaba que algo no estaba bien, no por pensar que el era malo, sino por su extraño comportamiento y necesidad por querer ocultar las cosas.
Cuando se es niño, se es ingenuo. No podemos reducir a la ingenuidad como algo vulnerable cuando se trata de un ser que apenas se encuentra aprendiendo. Hay quienes por inercia identifican que al caminar, siempre se debe mirar al frente para evitar tropezar con algún obstáculo; hay otros que simplemente retroceden porque saben que en el poco tiempo vivido, hay cosas que no se pueden evitar, o por lo menos es lo que ellos desean creer por esos momentos.
Siempre había una oportunidad, en el balcón, bajando el ascensor o en aquellos paseos en los que contaba una de esas historias que permitían nuevamente que soñara... ¿Pueden imaginar lo difícil que es callar cuando deseas decir todo lo que sucede, pero reconoces que el decirlo podría generar mayores consecuencias para tus más cercanos seres queridos? Y es allí cuando más daño te causas, algo no está bien, prefieres callarlo porque te da mucha vergüenza, sientes que te has vuelto más vulnerable de lo usual y elocuentemente, no hay retorno.
El abuso infantil no implica necesariamente acción sexual. A medida que fui creciendo, logré evitar la situación, porque ya tenía la suficiente fuerza para apartar sus manos; pero eso no significó que nada hubiese sucedido. Afortunadamente no me convertí en una persona retraída, ni mucho menos introvertida con el tiempo; pero lamentablemente, me puse en una situación de negación durante tantos años en la adolescencia que no es hasta el día de hoy que comprendo, que por más que intente borrar de la mente aquellos recuerdos, gracias a ellos soy lo que soy.
No le deseo a nadie tener que pasar por ello, pero si les digo con toda la propiedad del mundo para todos aquellos que tienen hijos... La maldad está presente en cualquier rincón de nuestras propias paredes.
Recuerdo como si hubiese sido ayer sus manos tocando mis piernas, con poca sutileza, debajo de la mesa para no ser visto por el resto. Por alguna lógica razón pensaba que algo no estaba bien, no por pensar que el era malo, sino por su extraño comportamiento y necesidad por querer ocultar las cosas.
Cuando se es niño, se es ingenuo. No podemos reducir a la ingenuidad como algo vulnerable cuando se trata de un ser que apenas se encuentra aprendiendo. Hay quienes por inercia identifican que al caminar, siempre se debe mirar al frente para evitar tropezar con algún obstáculo; hay otros que simplemente retroceden porque saben que en el poco tiempo vivido, hay cosas que no se pueden evitar, o por lo menos es lo que ellos desean creer por esos momentos.
Siempre había una oportunidad, en el balcón, bajando el ascensor o en aquellos paseos en los que contaba una de esas historias que permitían nuevamente que soñara... ¿Pueden imaginar lo difícil que es callar cuando deseas decir todo lo que sucede, pero reconoces que el decirlo podría generar mayores consecuencias para tus más cercanos seres queridos? Y es allí cuando más daño te causas, algo no está bien, prefieres callarlo porque te da mucha vergüenza, sientes que te has vuelto más vulnerable de lo usual y elocuentemente, no hay retorno.
El abuso infantil no implica necesariamente acción sexual. A medida que fui creciendo, logré evitar la situación, porque ya tenía la suficiente fuerza para apartar sus manos; pero eso no significó que nada hubiese sucedido. Afortunadamente no me convertí en una persona retraída, ni mucho menos introvertida con el tiempo; pero lamentablemente, me puse en una situación de negación durante tantos años en la adolescencia que no es hasta el día de hoy que comprendo, que por más que intente borrar de la mente aquellos recuerdos, gracias a ellos soy lo que soy.
No le deseo a nadie tener que pasar por ello, pero si les digo con toda la propiedad del mundo para todos aquellos que tienen hijos... La maldad está presente en cualquier rincón de nuestras propias paredes.