La rutina: ficciones cronológicas

Me levanto ya es tarde por la mañana, me vuelvo a acostar. Me levanto nuevamente, cojo el desayuno que no cojo porque tengo que prepararlo. Bostezo, tengo calor. Me quito el pijama y veo un poco de televisión; nada nuevo. Veo un documental del VIH. Me entra el frío. Me aburro y vuelvo a ponerme una camisa. La soledad va de aliada. Volumen 89 y un poco de Hip Hop de fondo. A fondo un vaso de agua fría y punzocortante. Sudar, sudar y nuevamente sudar. Recuperar el aliento. Sonreír. Tender la cama, lavar la loza. Esperar una llegada de compras casual. Esperar el sonido de la puerta anunciar alguna presencia. Cepillarme los dientes. Robarme el maldito Wi-fi de la vecina. Leer un puto libro de 835 páginas con un final poco coherente. Estirarme. Nuevamente esperar la puerta sonar. Ducharme con agua fría. Vestirme. Cepillarme el cabello. Preparar el almuerzo. Comer sola. Lavar la loza sin compañía. Apagar el televisor. Agarrar algo de dinero. Salir para despegar la mente. Saludar al vagabundo gordo de la esquina. Comprar un ticket de metro. Dirigirme a Sabana Grande. Ver artefactos electrónicos en City Market. Ver a un tipo que estaba en el mismo vagón que yo. Mirarlo con mala cara. Regresarme caminando hasta la Francisco de Miranda. Ir a visitar a un amigo. Tener sexo salv.. Ayudarlo a terminar una maqueta. Regresarme a mi casa. La puerta suena esperando la llegada. Un regaño casual del porqué llego tarde. Yo no digo nada. Una sonrisa inoportuna. Ha sido un día diferente, en lo que debería de haber sido un día totalmente común viendo documentales de Enfermedades de Transmisión sexual. Son las 11 y se me olvidó estudiar para el examen. Digo que voy a estudiar a las 4. Se me olvida poner la alarma.. Y comienza nuevamente el martirio del Lunes.

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