Oruguita
Tenía 9 años, una edad un poco extraña.. Deseas tanto tener 16 años que se te escapa el tiempo de jugar al escondite o al policía y ladrón. No nos comprendemos porque aún no entendemos las razones de nuestras acciones. Mi madre siempre tan incondicional estaba una tarde lavando unas lechugas porque necesitaba hacer una ensalada para el cumpleaños de la tal vecina, básicamente se encontró una Oruga en la lechuga y me la mostró, al primer momento lo único que se me vino a la mente fue lo asquerosa que era esa pequeña criatura que había invadido las verduras de mi madre.. Después me acerqué a ella y detallé muy fijamente que tenía unos lindos colores así que le pregunté a Mamá si podía quedármela y me dijo que si.
Ya tenía una caja con una leve rama de lechuga. La casa de mi nueva mascota, pues nunca había tenido una.. No cuento la tortuga que aplastó mi padre cuando tenía seis años porque mis padres me dijeron que la pobre se había escapado. ¿Cómo es posible que una tortuga se escape? Y ¿Cómo es posible que tus padres digan mentiras tan idiotas? Pero en fin, estuve todo el día jugando con ella.. Su piel era extraña, tenía una especie de antenas por toda su espalda, pero me causaba risa mirarla aunque a veces sentía que la acosaba demasiado.
Ya era el tercer día y necesitaba colocarle un nombre a mi nueva mascota. Se me habían ocurrido nombres pero todos eran de cachorros y yo no tenía uno, yo simplemente tenía una oruga insignificante que no medía más de ocho centímetros. Pasaban los días y mi oruga empezó a agarrarme confianza, ya le sentaba bien montarse en mi dedo índice, ya que si lo hacía bien la recompensaba con un trozo de fruta.
Pasó una semana de cuidar a Oruguita y cuando me levanté vi que ella estaba envuelta en una especie de telaraña un tanto blanca.. Pensé que una araña la había envuelto así que la saqué de mi cuarto y la llevé al balcón porque pensé que las arañas nunca podrían encontrarla allí afuera donde hay mucha luz. Y pasó tan rápido como pudo ese día. A la mañana siguiente estaba aún más envuelta, parecía un capullo.. En ese momento me percaté que era muy parecido a Pokemón y me di cuenta que mi oruga no la habían envuelto las arañas, ni estaba muerta.. Simplemente estaba evolucionado. Así que me reí de mi hermano por haberse metido con ella. No sabía en que criatura se transformaría, tenía miedo de no poderla tener entre mis manos nuevamente, porque ella me pertenecía.
El capullo empezó a moverse aproximadamente al quinto día, fue extraño porque cuando salió completamente el color de sus alas eran rosado con blanco, ¡Era una maldita mariposa! el insecto más hermoso que pudo haber fundado la naturaleza. No me lo podía creer y ahora más que nunca Oruguita tenía que ser mía para siempre. ¿Se imaginan lo envidiosos que serían mis amigos cuando Oruguita tuviera unas alas más grandes? Se lo conté a mamá y ella me respondió algo que hasta el día de hoy aplico.. ¿Te gustaría que cuando cumplas 15 años te encierre en tu cuarto y no puedas ponerte el vestido de tus sueños porque no eres libre? Y yo le contesté que no; Entonces ella me dijo que no podía dejar sin libertad a esa linda mariposa, que a diferencia de los humanos no podrá disfrutar por el mismo tiempo, pero si tendrá una mejor vida porque podrá volar.
Tenía que dejar a Oruguita. Me dolió hacerlo, pero comprendí que no puedo adueñarme de una vida que no me pertenece. Así como la Oruga o un pequeño patito feo que se transforma en un Cisne o simplemente una rama tiesa en invierno que florece en primavera cambian.. Nosotros también lo hacemos con el tiempo y aunque parezcan cambios buenos tenemos que entender que nunca podremos olvidar de donde vinimos o lo que fuimos, porque eso es lo que nos hace formarnos como personas a largo plazo.